martes, diciembre 05, 2006

Tan oficial como tu historia

Escuchando por aquí, hablando por allá y sorprendiéndose por todos lados, descubriendo que el universo tiene más de siete maravillas, cinco sentidos y dos posibilidades de observarlo, conforman el prólogo de esta historia que cuento.
Entre pintadedos, plastilinas y juguetes, se inicia este primer capítulo. Donde los ositos cariñosos son los héroes y la muñeca Sandy, la compañera reticente. Para la niña protagonista de esta historia, el tiempo transcurría sintiéndose millonaria, no sólo por poseer debajo de la almohada de su niñez las auténticas monedas de chocolates, sino que contaba con partidarios de su vida: sus padres.
El tiempo hizo crecer a la niña, su cuota de sueños, su cuota de errores; ya el sueño no era ser la sirenita sino convertirse en alguien grande. Los años hicieron de la niña una gigante, eso lo dice ella; pero mantiene dentro un aroma a juguetes y plastilina que deja salir de vez en cuando.
De sus sueños, uno se hizo fuerte y constante, tanto que la hizo asumir cambios que no se hubiesen dado sin la osadía de ese sueño, y más en estos momentos: Querer ser Periodista. Muchos de los cambios vinieron a raíz de esta idea, cambios de ciudad, cambio de forma de pensar, cambio de ritmo.
Ella aprendió a bailar al ritmo que le tocaba
Caracas, la ciudad destino. Un ritmo que ella describe como una especie de joropo mezclado con reggateon y jazz, pero al que ha sabido agarrarle el paso luego de varios tropiezos y caídas.
La soñadora ha aprendido muchas cosas, como que las iniciales de la ONU no significan Organización Nada Útil, a derrumbar su propio muro de Berlín. A amar a Saramago y Olga Dragnic. A vibrar con
Leonardo Padrón, Mónica Montañés y Mario Vargas Llosa y disfrutarlos como cuando se lee Mafalda, Ana Frank y Benedetti. Ha afianzado su distinción por las cosas sencillas con Aquiles Nazoa y las menos sencillas de su credo. Se propuso hace algún tiempo alimentar su vida con asombro, humor, ternura, bondad, dignidad, sueño y esperanza, recorriendo todos los espacios posibles —y aún los imposible— con la maravillosa propuesta de seguir haciéndolo.
Tiene la palabra terca tatuada en la frente, con uno que otro toque de necedad; sin embargo, le han servido para salir de varios de esos traspiés, muchos dados en el camino sin retorno del periodismo. Y dispuestas a enfrentarlos nuevamente.
Esta historia es la mía, sólo un plano de vuelo, ¿Quién dijo que no era oficial por no estar en un libro?. Es oficial por el simple hecho de contarla yo misma, nadie la vive y la conoce mejor que yo. Suena un poco descabellado, pero que ideal sería combinar cada una de las historias llamadas oficiales con las vividas por sus protagonistas para hacer una verdadera historia registrada.


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