Sueño cronicado¿Crónica? No creo que sea, quizás crónico encaje mejor. Este día fue así, crónico. Según el diccionario Larousse, la palabra crónico viene del griego y significa tiempo, aplicada a esas enfermedades muy largas, que duran mucho. Estuve en total acuerdo. Hoy, esa enfermedad que había aquejado hace ya un largo tiempo, tenía una nueva recaída.
Por convicción diaria. Si, así trato de que se manejen todos los días. Pero este, amaneció con una mezcla emulsionada de temor y fortaleza, de alegría y nostalgia.
Por convicción diaria. Si, así trato de que se manejen todos los días. Pero este, amaneció con una mezcla emulsionada de temor y fortaleza, de alegría y nostalgia.
Como escenario, una universidad como para postal, o por lo menos así pensé que estaba: sola, verde, sencilla. Este día sentí que todos los profesores me hablaban de lo mismo— y sólo a mí—, de eso que muchos han padecido, pero pocos lo catalogan como enfermedad: Amor.
Primero vi a un Ezenarro que hablando, metodológicamente, me dijo que primero hay que saber cómo definimos el amor, sin perder la costumbre de encontrar contradicciones en cada uno de los conceptos a los que llegamos. Luego vino un Pedro Navarro, que no dudo en hacerme saber que al amor es factible aplicarle la mercadotecnia, no sólo haciéndole una curva de ganancias, sino que hay que saber que “nadie da nada a cambio de nada”. Luego le dieron el turno al bate a Max Römer, él intentó explicarme que semióticamente, el amor es rojo y se representa con un corazón, pero eso si lo refuté hasta que terminó su clase, porque el amor es multicolor y la forma se la da cada quien. Sin embargo, congeniamos en la aplicación de la Gestalt, en eso de que entre más próximos estén dos cuerpos pueden conformar una unidad.
Ya con la satisfacción de haber cumplido de la mejor manera con el horario pautado para este día, me dirijo hasta la persona que quise que me hablara del tema de hoy desde hace un tiempo. Solarium dejó de ser el cafetín más concurrido de esta alma mater, para convertirse en el mejor contexto de esta historia de dos. Él me dijo que… ¡Despiértate¡ son las seis de la mañana. Obviamente, eso no fue lo que me dijo él, ni lo que pude haber soñado que me haya dicho. Sólo que a mi hermano se le ocurrió la brillante idea de despertarme, el día en que se me hacía tan imprescindible seguir soñando.
Quizás este crónica no tenga la magia de una crónica, según Herrera, pero si podré decir —ya pasado un tiempo— que la escribí cuando era feliz y enamorada.
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